EG #1 UNA NUEVA VIDA

Aitor estaba alucinado. Por fin estaba en Madrid. A sus 17 años iba a entrar en la universidad para estudiar biología, y acababa de llegar a la capital directo de su pueblecito, Corcos, situado en la provincia de Valladolid.

Eran pocos habitantes los que poblaban su ciudad natal, y por culpa del éxodo de las familias a las ciudades tampoco quedaban muchos jóvenes como él. Arturo, su mejor amigo, se había mudado a Madrid un año antes por el mismo motivo, así que animado por éste, decidió mudarse al mismo piso que él. Estaba muy emocionado. El tren por fin se detuvo en el andén de Atocha. Cogió su maleta y salió al andén. Se dirigió a la salida y allí encontró a Arturo, todo sonriente.

¿Había crecido? No podía asegurarlo, pero le notaba diferente. Arturo siempre había sido algo más alto que él, a la par que bastante más delgado. El pelo siempre lo llevó despeinado y algo largo, ya que en el pueblo pasaba de que su madre le pasara la máquina de cortar el pelo y le dejara todo por igual. Decía que parecía que le trataban como una oveja. Apenas se preocupaba por su aspecto y usaba la ropa según la cogía del armario sin orden ni concierto. Ahora no parecía el mismo. El pelo lo llevaba corto, pero de punta. Se había dejado una ligera barba y estaba más fuerte. Por internet le había comentado hace tiempo que se había apuntado a un gimnasio. Sí, estaba cambiado, y es que hacía mucho tiempo que no le veía, porque había pasado de ir en verano al pueblo a hacerles una visita. Parecía mayor. A años luz de él.

-Hombre, capullo, ya estás por aquí- dijo Arturo sonriendo mientras le pegaba una colleja a Aitor y lo engullía en un fuerte abrazo.
-Sí, gilipollas, y no me des otro motivo para irme de nuevo al pueblo- contestó mientras se rascaba el lugar del golpe. Siempre había tenido la manía de pegarle collejas y Aitor siempre lo había odiado- No empieces que al final te las voy a devolver y te vas a enterar.
-Macho, cómo estamos.
-Perdona Turo, el viaje. Estoy cansado. Y estoy de los nervios. Mañana empiezo la universidad.
-Sí, menuda mierda. Cada año empezamos antes -añadió con un tono de cansacio y asco-
-Pues tengo ganas.
-Pues eres tonto.
-Y tú un capullo.
-Anda vamos -dijo pegándole un tirón de la manga-

Ambos se dirigieron hacia la entrada de Metro de Atocha Renfe. Arturo pasó los tornos con su abono y Aitor tuvo que andar sacando el billete. Esa misma tarde sacaría el Abono Transportes. Era una buena forma de despreocuparse por el transporte: pagando un abono zonal de forma mensual, podías hacer uso de la red de Metro, trenes y tranvías de toda la Comunidad de forma ilimitada.

Ambos entraron en el Metro. Iba lleno de gente. Aitor se preguntó si toda la gente de su pueblo podría caber en un vagón. Pensó en Eulalia, la vecina. Esa señora tendría que ir sentada, y si no había sitio, pegaría un bastonazo a quien fuera por conseguirlo. El señor Juan y su mujer, la señora Elvira irían hablando de todos los usuarios del Metro. Bueno, Juan escucharía, Elvira hablaría sin parar, y cuando se diera cuenta de que su esposo no le hacía caso, utilizaría su muletilla “¿verdad?” a lo que Juan contestaría afirmativamente y ella seguiría hablando. Arturo y Aitor habían hecho muchos chistes con esta pareja cuando eran dos críos.

Su pueblo. Su casa. Su familia. Sus padres. Aitor tenía ganas de irse de casa para hacer un poco su vida. Pero también le daba pena. Era hijo único y sus padres habían intentado darle siempre todo lo que pudieran. Su padre era agricultor, y su madre cuidaba de unas cuantas ovejas que tenían. Él en sus ratos libres había ayudado en casa, pero no le atraía mucho el trabajar allí. Él quería saber más acerca del milagro de la vida, quería ser biólogo. Y quería algo de independencia y privacidad. Quería aprender a vivir por sí mismo. Quería conocer gente y echarse novia. O quizá no quería novia, pero quería estar con chicas, esa especie que tan poco abunda en su pueblo (tampoco abundan los chicos, pero este punto le interesaba bastante menos) y de la que tan poco sabía... no había estado nunca con ninguna de forma íntima. Y el vivir con sus padres en un pueblecito pequeño rodeado de más pueblos pequeños viendo siempre a la misma agente no ayudaba nada. Y en ese vagón de Metro ya había un par de chicas que hubiera querido saludar.

-Te quedas empanado mirándolas...-señaló Arturo.
-¡Ehhh! ¿qué?
-Sí, tú disimula, salidorro. ¿Te has estrenado ya?
-No me apetece hablar de eso, y menos en el Metro delante de tanta gente... y no sé para qué preguntas si ya conoces la respuesta.
-Jajajajaja, aissss, qué tierno eres. No pasa nada, ya verás como aquí conoces a alguna que te ayude con ese tema. Yo conseguí ligarme a una a los dos días de instalarme aquí. Y al día siguiente estuve con un tío. Y luego...
-Para, para... ya sé cómo eres. No hace falta que me restriegues todos tus éxitos.

Y es que Arturo era un ligón. Decía que para él no existían hombres o mujeres, todo el mundo era susceptible de caer en sus manos. Y caían. Su físico había mejorado desde que llegó a Madrid y eso le ayudó a hacerse popular en su facultad, la de derecho. Era bastante famosete. Y cuando salía de juerga... pues tampoco le hacía falta mucho para conseguir compañía.

Después de un trasbordo en la estación de Sol, la cual parecía muy grande y llena de pasillos, se dirigieron a la línea 3 de Metro y llegaron a Argüelles. Saliendo por la calle Princesa, se dirigieron a una de las calles que la atravesaban. A pesar de ser septiembre y de que la temperatura era bastante agradable, el día estaba nublado y alguna gota caía de vez en cuando. Dos calles más adelante y un par de giros más, llegaron al apartamento donde iba a vivir durante todo el curso. Vale, desde fuera parecía un edificio antiguo, pero por dentro el portal parecía de lujo. Hasta tenían portero.

Una vez entraron en el piso. Arturo comenzó a enseñárselo.

-Mira, esta es la entrada..
-Obvio.
-Calla, capullo. Por este pasillo llegamos al resto de habitaciones. Mira, a la derecha la cocina, la siguiente puerta el baño. Cada dos días uno de los dos lo tendrá que limpiar el váter y la ducha, pero quiero que lo dejes todo bien limpio cada vez que lo utilices, que espero que sea cada día.
-Ni que fuera un perro.
-Al fondo está el salón. Como ves hay tele, pero el mando es mío. A no ser que yo no esté o esté en mi cuarto... que entonces será tuyo. Ahí tengo la consola, antes de encenderla pide permiso -Aitor puso cara de tonto- Es broma, juega cuando quieras. La terraza está en el salón. Allí tendemos la ropa. Y si fumas... ¿fumas?
-No, ya lo sabes.
-Ah, vale, si fumaras o te traes a casa a alguien que fume, que lo haga fuera. No quiero olor a tacabo en casa. Me da dolor de cabeza. Y sí, puedes traerte a quien quieras.
-Ok.
-La primera habitación a la izquierda según entramos será la tuya. Ahora tiene una cama, mesilla, armario y escritorio.
-Sí, el próximo fin de semana se vienen mis padres con unas cuantas cajas. El portatil lo he traído.
-Eso, internet. Tenemos. Pero no te comas todos los megas bajando pelis y en porno, que yo también quiero usarlo. Y éste otro es mi cuarto... y picadero. ¿Ves? Todo ordenado. Pero vaya, aquí no creo que entres mucho... bueno, si quieres algún condón los tengo aquí, pero luego los repones.
-Tío, estás obsesionado con el tema eh.
-Ya, claro. El caso, si ves esta puerta cerrada, no entres -guiñando un ojo.

Dejaron las maletas. Puso el portátil en la mesa y lo abrió. Abrió Twitter y puso “Ya estoy en mi nueva casa”. Arturo pegó una voz. Iban a salir a comer a algún restaurante de comida rápida ya que no había nada en la nevera, tendrían que hacer la compra por la tarde.

Ambos iban andando por la calle debatiendo si comían hamburguesa o pizza. Aitor no estaba muy acostumbrado a comer en restaurantes de comida rápida, sólo en ocasiones contadas, así que a pesar de saber que la comida no era muy sana, le hacía ilusión. Estaba encantado con todo, desde estar en Madrid a vivir con su mejor amigo.

Pasaron por delante de un estanco y pensaron que era buena idea sacarse el abono en ese momento. Entraron y a los 10 minutos salieron con el preciado título que daba a Aitor el derecho de usar el transporte público de toda la ciudad sin restricciones. Menuda foto más horrible había puesto en el cartón.

Aitor era un chico de un metro setenta y poco. Siempre había sido más bajo que su amigo. Y siempre había ido creciendo más tarde que él. Siempre intentó pensar que era porque le sacaba un año, pero él era consciente de que no era sólo por eso. Tardó más en pegar los estirones. Tardó más en cambiar la voz. Tardó más en afeitarse. Ni siquiera a día de hoy podía decir que tenía barba. Siempre se vió en el espejo como un pequeño, gordito y paliducho chaval con el pelo rubio oscuro y alborotado por culpa de sus irregulares rizos. Además tenía miopía y necesitaba llevar gafas. No se consideraba feo, pero tampoco se consideraba guapo, y siempre se sintió como si hubiera estado una paso por detrás de su amigo. Pero no le importaba gran cosa. Pero ahora sí. La foto de la tarjeta naranja que iba a compañarle durante una temporada era horrible. Parecía que salía con una mueca que le hacía parecer un friki.

-Turo, vaya foto más horrible que me han puesto
-Jajaja, como tú eres. Y deja eso, anda, cruza ahora que no vienen coches.

Y ambos empezaron a andar rápido para cruzar la calle. No venían coches. Y Aitor seguía mirando la foto. Tropezó y se le cayó el ticket. Se agachó a por él. Con lo que vale, como para perderlo.

Un coche giró y se metió en la calle, a pocos metros de Aitor. Arturo pegó un tirón de él y apenas le dio tiempo. Ambos cayeron en el carril contrario, por el que venía un coche deportivo a toda velocidad. El coche los embistió. Aitor notó el sabor de la sangre en su boca. Y el olor en su nariz. Oyó gritar a Arturo por un momento.

Ambos cayeron muertos al suelo.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

tontuna del año

Montse dijo...

Hola! Yo trabajo para Panini y puedo explicar este tema de la portada... En realidad esta no es la portada que va a salir a la venta, es un "fake" que los diseñadores hicieron para la hoja de novedades. A veces sucede en el proceso editorial que la hoja de novedades se hace con meses de antelación a que salga el manga, y puede darse el caso (como aquí) que el material original no haya sido enviado por los japoneses, por lo que el diseñador hace un "apaño" o "chapuza" para salir del paso en la hoja de novedades. Creo que en dicha hoja se debería especificar que esta no será la portada que saldrá publicada, para que los fans no sean llevados a confusión. Este es el mismo caso de Ultimo 7 al que alguien ha hecho referencia, que se usó una ilustración del tomo 1 porque no se disponía de la portada.

Perdona por dejar aquí también la respuesta, a parte de en la entrada correspondiente...

Anónimo dijo...

Gracias Montse, nos dejas más tranquilos.

Mª Carmen Jimenez Campos dijo...

Hijo, no podía haber escrito algo más alegre ... pobreticos!! justo cuando el pobre Aitor iba a empezar a vivir zasca ... :(

Turbo dijo...

Joder... Yo que llevo más de un año trabajando en una historia cuyo protagonista es Aitor, un chaval de 18 años que empieza su nueva vida en la ciudad... Ya son ganas XD

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